"sin título"

Ramiro y Paulino llegan exhaustos a su suite del Holiday Inn en el centro de Harbin, después de haber viajado durante el día para conocer y caminar por el Lago Espejo. De antemano sabían no tener una condición física óptima, pero al quitarse las botas Timberland y sobarse las ampollas, Ramiro pregunta como va a sobrevivir los siguientes quince días en la planicie manchuriana hospedándose en cabañas rústicas sin los beneplácitos de la modernidad. Para consolarlo Paulino abre el minibar, saca dos vodkitas sabor durazno y prepara martinis. Ramiro, sólo por no dejarse de quejar, refunfuña bajo el aliento la falta de copas apropiadas pero le recibe la bebida dándole un beso amoroso en la mano. Ramiro y Paulino suelen ser muy cariñosos y físicos mientras están en San Francisco, pero por seguridad y sin nunca haberlo discutido, las expresiones de amor se limitan a la habitación cuando están de viaje y en algunas regiones radicales han optado por rentar cuartos por separado. A Ramiro le gusta fotografiar los niños del mundo, a Paulino le encanta observar silencioso los paisajes y compartir esas experiencias juntos les es más excitante que el tacto. Ramiro conecta a un multiadaptador mundial el cargador de pilas para su cámara, se acaba de desvestir la ropa color caqui y se acuesta en boxers, con el martini en una mano y el control remoto en la otra. Paulino lo invita a bañarse y hasta lo llama puerco, pero Ramiro no voltea a verlo y prende el televisor desde la cama. En la pantalla aparecen imágenes locales del pasado Festival Internacional de Nieve y Hielo y aunque no entiende ni un carajo, le sube al volumen. Paulino desaparece en el baño por lo que Ramiro sabe será un largo rato. Observa admirado los pasos de elaboración para construir tan enormes estructuras de hielo y ríe con las niñas que entran por la boca a la cabeza de una estatua de la libertad con cara de estar gritando porque esta enterrada hasta el cuello en nieve. El zoom out para ver los fuegos artificiales en el cielo es interrumpido por una pantalla de color amarillo con letras en chino. Ramiro se prepara un whisky sour en lo que espera el regreso de la transmisión. Se dirige a la ventana y deja caer la mirada sobre el tráfico de sábado por la noche en Harbin. No sabe cuanto tiempo después de terminar su whisky se acuesta y duerme hasta ser despertado por varias sirenas estridentes. Como sólo duran unos segundos asume que es una falsa alarma, pero Paulino sale preocupado del baño y le pide que se vista. Paulino busca su ropa y Ramiro le explica que la alarma ni siquiera fue dentro del Holiday Inn. Paulino llama a la recepción y le contestan inmediatamente en ingles, que por favor este tranquilo en su habitación y que nada había sucedido. Paulino cuelga sin haber emitido una palabra y le exige a Ramiro vestirse y empacar sólo una mochila ligera. Ramiro lo deja de cuestionar, antes de levantarse busca CNN, pero sólo están dos güeyes hablando de la bolsa y sus bajas acciones. Ramiro deja el control sobre la cama y empaca los documentos, la cámara, la laptop mini, los neceseres incluyendo el caviar para la piel, las camisas Prada y los boxers de seda Yves Saint Laurent. Paulino toma el control del colchón y cambia el canal a la BBC. A Ramiro se le va el color de la cara al leer el banner en la parte inferior de la pantalla y cae al suelo como peso muerto. Se confirman ataques con misiles nucleares de baja intensidad por lo menos en las ciudades Namp'o, Wŏnsan, Hamhŭng, Sinŭiju, Rason y dos misiles en la capital de Corea del Norte P’yongyang. Paulino levanta a Ramiro del suelo y salen apresurados a tomar el elevador. Al abrirse las puertas al lobby se encuentran con cientos de huéspedes con caras desesperadas y frenados en la entrada del hotel por una pequeña barricada militar. Los empleados del hotel intentan convencer a los huéspedes de regresar a sus habitaciones, siendo ese el lugar más seguro para ellos. Una pareja de alemanes mochileros entran por el restaurante a la cocina buscando una salida. Varios los siguen atropellando a los agentes de seguridad que intentan detener su paso, entre ellos Paulino y Ramiro que acaba pisando el cuello de uno de los cuerpos aplastados. Los alemanes logran abrir la puerta metálica trasera y salen corriendo a la calle perseguido por más personas de todas las razas. Los militares chinos balacean con metralladoras haciendo explotar en pulpa los cuerpos de los alemanes y los demás huéspedes corren de regreso a la cocina y dejan que los empleados del hotel cierren la puerta con una cadena. Una inglesa no logra entrar antes de que cerraran la puerta, queda suplicando en la calle y un comandante ordena en mandarín a sus soldados que la violen frente a las ventanas de la entrada para que todos en el lobby lo vean. Justo del otro lado del mismo vidrio, su marido se hace el harakiri con una espada de la dinastía Tang que colgaba detrás del escritorio de la recepción. Ramiro cada vez más pálido, no emite ni un sonido. Paulino lo tiene de la mano y decide llevárselo de regreso a la habitación por las escaleras. En el quinto piso Ramiro se desmaya de la fatiga y del miedo. Paulino entre que lo carga y lo arrastra hasta la habitación. Entrando a la habitación Paulino deja a Ramiro tirado en el piso del baño, arrastra la cajonera, los burós, la mesa, las sillas y el sillón contra la puerta y cae desmayado sobre Ramiro.


A la mañana siguiente los despierta abruptamente el ring del teléfono. Ramiro se arrastra hasta él y contesta. Una gringa se presenta como periodista de Reuters y le pregunta si es un residente estadounidense, a lo que Ramiro responde afirmativamente acompañado de un pequeño suspiro de esperanza. Ella le pregunta sobre la situación de los estadounidenses atrapados en la zona de conflicto sin la posibilidad de salir del país lo que los convierte instantáneamente en prisioneros de guerra y Ramiro le cuelga el teléfono. Deciden probar su suerte una vez más y se pasan a la recámara contigua por la puerta que las conecta, para no tener que volver a mover todos los muebles de la entrada. Bajan adoloridos por escaleras vacías y en el lobby se encuentran con filas de personas ordenadas. Soldados chinos verifican los pasaportes; los europeos y estadounidenses son escoltados bajo la lluvia a camiones militares de carga. En dos camiones van parados, apretados y con frió bajo la lluvia los turistas del Holiday Inn. Llegando a una estación de trenes un día después, los vuelven a ordenar en filas y les checan nuevamente los pasaportes antes de dejarlos subir. Paulino esta casi catatónico desde el camión y Ramiro lo lleva detenido del codo por las diferentes etapas hasta lograr subir a un tren que promete llevarlos a Rusia. La burocracia china se tarda dos días en dejarlos pasar la frontera y durante ese tiempo lo único que tienen para tomar es agua de lluvia. En la estación de Khabarovsk los cambian de tren y unas amables enfermeras de la cruz roja les dan una inyección y un paquete de comida, agua y colchas. La inyección hace que Paulino se mareé por unas horas, pero luego de comer algo ya camino a Rusia, se siente mucho mejor y hasta sonríe. Ramiro lo ve con amor pero es incapaz de sonreírle de regreso. En los seis días del viaje a Moscú hablan poco, duermen mucho y cuando están despiertos se ven a los ojos ignorando lo que los rodea. En Moscú el tren arriba a una base militar dónde los espera un gigantesco avión de la Air Force, los soldados gringos les checan los pasaportes por enésima vez y los acomodan para llevarlos de regreso a casa.


En el aeropuerto internacional de Los Angeles hay una gran comitiva para recibirlos. El presidente de los Estados Unidos sobre un estrado y la prensa internacional, familiares, amigos y patriotas desbordan la periferia de la pista. Paulino y Ramiro bajan del avión y son escoltados por agentes del servicio secreto para conocer y ser saludados por el presidente. La fotografía del primer mandatario en medio de Ramiro y Paulino se publicará al día siguiente en casi todas las primeras planas del país. Después de la sesión de fotos, la mamá de Ramiro los encuentra y los lleva a casa, dónde agonizan juntos hasta morir abrazados y en el mismo instante, envenenados por la radiación.


2 comentarios:

Bada dijo...

A pesar de k le diste el avion a mi mail bn gacho... jajaja aqui toy.
Muy chido...
Te mando un beso.

jorge dijo...

hola bada, te ecribo para pedirte un favor, recien te escuche por primera vez el miercoles pasado, 13 enero 2010, en rmx gdl y me gusto tu estilo pero lo que me encanto fue tu gusto musical, y hay viene el paro, cerca de media noche pusiste unas rolas de electronica muy perras y no escribo el nombre, me harias el favor de pasarme el dato de las tres o cuatro rolas que pusiste antes de la que tu dijiste era tu cancion favorita de etienne jaumet, for falling asleep, por favor me calmarias esta ansiedad jaja
gracias y cuidate mucho, mi correo es gachinunlocu@hotmail.com

jorge velasco